El escritor peruano, Mario Vargas Llosa, conversó con el ensayista colombiano, Carlos Granés, públicamente en un foro de la Universidad Complutense de Madrid, llamado García Márquez: más allá del realismo mágico. La charla comenzó con sus respectivos elogios seguido por el primer momento en que los dos escritores galardones del Nobel, se conocieron.

“Yo conocí a García Márquez, como escritor, unos años antes en París. Un día me llegó un libro que era de un autor colombiano… Aún me acuerdo del título, Pas de lettre pour le colonel, que era El coronel no tiene quien le escriba. Fue el primer libro de García Márquez que leí, y no fue en español”, se refirió Vargas Llosa a lo que fue para él su primer “avistamiento” del Nobel de Literatura colombiano, antes de su primer encuentro en Caracas [1967].

Llosa habló sobre lo difícil que le era para los escritores latinoamericanos de ese tiempo sentirse latinoamericanos. “En ese tiempo, ambos estábamos descubriendo, como otros escritores latinoamericanos, que éramos latinoamericanos. Pertenecíamos a una patria común de la que, hasta entonces, habíamos conocido poco, con la que nos habíamos identificado a penas”. De esto pasó a referirse sobre lo que fue la Revolución de Cuba y cómo todo ese suceso abrió interés del mundo europeo por el latinoamericano.

Se refirió a esa etapa de Cuba como una especie de muro que surgió entre ambos. Aunque admitió que no sabía sobre qué se discutía en la intimidad entre García Márquez y Fidel Castro, sí habló sobre una teoría sobre el porqué su amigo “Gabo” terminó del bando socialista: “Yo creo que tenía un sentido práctico de la vida y sabía que era mejor estar con Cuba que contra Cuba. Así se libró del baño de mugre que cayó sobre los que fuimos críticos con la evolución de la revolución hacia el comunismo desde sus primeras posiciones, que eran más socialistas y liberales”.

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Al finalizar la charla, después de habérsele preguntado a Llosa si alguna vez volvió a ver a Márquez y responder rápidamente que “no”, confeso que, sin embargo, lamentó mucho la muerte de “no sólo un gran escritor, sino un gran amigo”.