Donald Trump y Vladimir Putin acapararon todos los focos el pasado 7 de julio durante su primer ‘cara a cara’ en la cumbre del G-20 que se celebró en Hamburgo (Alemania). Estaba previsto que el presidente de Estados Unidos y su homólogo ruso hablasen media hora de sus asuntos -entre otros, la supuesta injerencia del Kremlin en las elecciones presidenciales estadounidenses- y finalmente, la charla se alargó por encima de las dos horas.

El encuentro bilateral no fue suficiente para estos dos líderes, que se han intercambiado tantos halagos sin conocerse, y cuya relación es escrutada al milímetro. Ambos mandatarios volvieron a conversar en privado horas después durante la cena ofrecida por el país anfitrión a los líderes asistentes a la cumbre del G.-20. Una ‘cita’ que no había trascendido hasta este martes y de la que la Casa Blanca no había hecho mención alguna.

Según los medios estadounideneses, la charla tuvo lugar cuando Trump abandonó su mesa y se sentó en la que ocupaba el presidente ruso. Ambos mandatarios hablaron durante casi una hora con el traductor de Putin como único oyente.

La primera información sobre el encuentro la dio a conocer el presidente de la consultora Eurasia Group, Ian Bremmer, en una entrevista con Bloomberg. El politólogo explicó a Charlie Rose que Trump y Putin habían mantenido un segundo encuentro informal. Un escenario que, según Bremmer, rompe el protocolo de seguridad nacional.

Después de que saltase la noticia, la Casa Blanca confirmó a varios medios estadounidenses que la reunión se produjo sin dar detalle alguno sobre la duración o el contenido de la misma.

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Trump

La reacción del presidente Trump a las informaciones sobre el encuentro llegó vía Twitter pasadas unas horas. “La historia ‘fake news” de la cena secreta con Putin es ‘enfermiza’. Todos los líderes del G20 y sus parejas fueron invitados por la canciller de Alemania. ¡La prensa lo sabía!”, escribió en un primer mensaje.

En los siguientes 140 caracteres criticó el papel de los medios que denomina ‘fake news’ por hacer que esa cena “parezca siniestra”.

Mostrando su sorpresa, Bremmer apuntó que “nunca en mi vida como politólogo había visto dos países -grande países- con una constelación de intereses nacionales disonantes, cuyos dos líderes parecen estar haciendo todo lo posible por quedar bien y estar cerca el uno del otro”, decía Bremmer sin ocultar su sorpresa.

Un sentimiento que comparte con los asistentes a la cena que fueron testigos del encuentro y de la ‘química’ entre Trump y Putin. Y también fueron su fuente de información.El casual encuentro y la amigable conversación sorprende más si cabe, dado que hay varias investigaciones en curso en el Congreso de EE.UU sobre la posible colusión entre el equipo de campaña de Trump y el gobierno de Moscú.

Además de la del fiscal especial designado por el Departamento de Justicia, Robert Mueller.

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