Al menos 35 personas murieron en un ataque de los talibanes contra un hospital en un distrito de la provincia de Ghor, en el centro de Afganistán, anunció el lunes el portavoz de la presidencia.

“Se trata de un crimen contra la humanidad”, declaró a la prensa el portavoz presidencial Shah Hussin Murtazawi, que no precisó si las víctimas eran pacientes o miembros del personal.

El domingo circularon varias informaciones sobre este ataque, ocurrido mientras los talibanes se apoderaban del distrito de Taywara tras varios días de combates, pero no era posible verificarlas por la alejada ubicación de la región. Y más aún después de que los “talibanes acabaran con la comunicación telefónica, cortando las líneas”, había afirmado el domingo a la AFP el portavoz del gobernador provincial, Abdul Hai Khatibi, que admitió que no contaba con información precisa sobre la situación del hospital.

“Oímos decir que el hospital fue incendiado, y numerosos médicos y pacientes abatidos, pero no podemos confirmarlo”, dijo. Sin embargo, el portavoz de la policía provincial, Mohammad Iqbal Nezami, aseguró a la AFP que “tras haber tomado el control del centro del distrito, los talibanes prendieron fuego al hospital y mataron a médicos y pacientes”.

En  Kabul, el ministerio de Salud reconoció que no podía establecer un balance preciso y avanzó que, según “un miembro del consejo provincial, dos enfermeros, guardias y varios pacientes” habían sido abatidos.

Los talibanes negaron haber atacado el establecimiento, culpando a un “bombardeo aéreo” de los daños causados en la clínica.

Por otro lado, los insurgentes reivindicaron el lunes un atentado en Kabul que dejó 26 muertos y 41 heridos en un barrio chiita de la capital, según el último balance facilitado por la presidencia afgana.

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Un carrro bomba en Kabul

Este es un atentado dirigido contra la comunidad chiita hazara que hace un año ya fue víctima del primer atentado del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en la capital afgana.

“El carro bomba se abalanzó contra un autobús que transportaba a empleados del ministerio de Minas”, dijo a la AFP Najib Danish, el portavoz del ministerio del Interior.

Los talibanes reivindicaron el atentado en Twitter “contra un autobús que transportaba a miembros del NDS [servicios de inteligencia] y que dejó 37 muertos”.

Sin embargo tanto los talibanes como el Estado Islámico reivindican a veces atentados que no han cometido o al contrario no reconocen ataques cometidos contra civiles.

La explosión tuvo lugar poco antes de las 07:00 a.m. (hora local) en un barrio muy animado de mayoría chiita de Kabul, donde hay muchos clubes de gimnasia, universidades e institutos, comercios y los llamados “wedding halls”, salas para celebrar bodas.

Tras la explosión se veía en el cielo una espesa columna de humi. Un fotógrafo de la AFP en el lugar vio numerosas ambulancias y heridos que estaban siendo trasladados en taxi o en coches privados.

También observó el autobús, totalmente calcinado, situado cerca del ministerio donde llevaba a los empleados. Muchas tiendas sufrieron daños y la calle quedó llena de escombros y árboles mutilados.

Las víctimas podrían ser civiles, entre ellas estudiantes que iban temprano a la universidad en el periodo de exámenes pero también guardas de seguridad que protegían la residencia de Mohammad Moqaqeq, uno de los líderes de la comunicad hazara y parlamentario, indicó a la AFP su portavoz, Omid Maisom.

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“El coche estalló frente al primer punto de control de la residencia de Moqaqeq, dejando muertos y heridos entre los guardias y los civiles”, dijo Maisom. “Creíamos que quería llegar a la casa del señor Moqaqeq pero nuestros guardas lo detuvieron”, añadió.

La comunidad hazara es una minoría chiita de cerca de tres millones de personas, discriminada y marginada en el país 
y conocida por ser una de las más liberales de Afganistán, en particular en el trato a las mujeres.

Este lunes se cumple un año, según el calendario de religioso, del atentado de 23 de julio de 2016 en Kabul contra una manifestación del movimiento hazara ‘Enlightenment’ (Iluminación) que dejó 84 muertos y más de 300 heridos.

Fue el primer atentado reivindicado por la organización extremista Estados Islámico (EI) en la capital.

Desde entonce el EI ha ganado terreno en el norte de Afganistán y atacó en varias ocasiones mezquitas y reuniones chiitas, en Kabul pero también en Mazar-i-Sharif (norte), donde en octubre atentó contra las fiestas de la Achurah, la principal celebración religiosa de la comunidad chiita.

El pasado 16 de junio también atentó durante la llamada Noche del Destino, al final de las celebraciones del ramadán. 

La comunidad hazara tenía inicialmente previsto este lunes una manifestación en memoria de las víctimas del atentado de julio, pero el domingo fue aplazada tras una reunión de los responsables de la comunidad con el presidente de Afganistán, Ashraf Ghani.

El presidente condenó el atentado del lunes, “un crimen que alimentará el rencor de la población” contras los “terroristas”.