En materia de preferencias de alimentos, ¿cuánto es innato y cuánto, adquirido? El estudio americano presentado el pasado junio en el congreso de la Sociedad Americana de Psiquiatría destacó la importancia del rol de la madre durante el embarazo y los primeros meses de la vida en los gustos futuros del bebé.

Los padres beben y los niños brindan

En este estudio, los investigadores del Monell Chemical Senses Center de Filadelfia, Estados Unidos, formaron tres grupos de mujeres embarazadas (45 mujeres en total). El primer grupo consumió zumo de zanahoria cuatro veces por semana durante tres semanas al final del embarazo, seguido por agua después del nacimiento. El segundo grupo bebió agua al final del embarazo y luego zumo de zanahoria durante los dos primeros meses de lactancia. Finalmente, el grupo de control bebió agua antes y después del embarazo.
Luego, los investigadores controlaron la incorporación de cereales en la dieta de los bebés cuando tenían cinco meses y medio. En un caso, los cereales estaban mezclados con zumo de zanahoria y en el otro, con agua.

Los científicos observaron entonces que los niños que habían estado expuestos al zumo de zanahoria, tanto en el útero como durante la lactancia, consumían más cereales con sabor a zanahoria que los otros. Por otra parte, de acuerdo a las madres, los bebés parecían disfrutar las comidas con sabor a zanahoria. Este estudio demostraría el papel predominante de la madre en la formación de los gustos de los niños en materia de nutrición.

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Los gustos son culturales

No se trata del primer estudio del equipo del Monell Chemical Senses Center. “Ya hemos demostrado que la dieta de la madre influye en el gusto del líquido amniótico”, precisa Julie Menella, uno de los autores del trabajo. Estos investigadores demostraron que ciertos alimentos como el ajo, la menta, la vainilla o el alcohol alteraban el sabor de la leche materna. “La investigación en animales ha demostrado que la exposición a un sabor en el útero o durante la lactancia crea preferencias a largo plazo. Este es sin duda un mecanismo presente en las crías de los mamíferos para detectar qué alimentos no son peligrosos para comer “, dice Julie Menella. En cuanto al papel de este mecanismo en los humanos, añade: “Esta es una de las principales formas de hacer que el niño comprenda qué alimentos son peligrosos y cuáles puede comer”, precisa Julie Menella–. Es una de las principales vías que harán familiarizarse al niño con los hábitos alimentarios de su entorno, uno de los aspectos más fuertes y más duraderos de la cultura a la que pertenece”.

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¿Innatos o adquiridos?

Aunque el estudio sugiere una transmisión de las preferencias de alimentos de la madre al hijo, el debate al respecto de si el gusto es innato o adquirido aún no ha concluido. Estudios previos han demostrado que los bebés al nacer prefieren lo dulce y rechazan lo ácido, aparentemente de forma innata. Sin embargo, experimentos en animales han demostrado que los gustos alimentarios pueden condicionarse: dándoles sacarina (dulce) a las ratas y luego haciéndolas enfermar, se les hace detestar el sabor dulce.

A. Sousa / doctissimo.com