Para los cubanos, el voto sobre la Constituyente en Venezuela fue una “victoria ejemplarizante” y la jornada transcurrió “con normalidad y gran afluencia de personas”. Las protestas no son manifestaciones contra el régimen de Maduro sino “hechos de violencia” organizados por Estados Unidos y los participantes no son venezolanos sino “terroristas impulsados por la derecha”.

Esa es la dieta mediática de los cubanos, quienes viven en un mundo de “hechos alternativos” y desinformación gracias a una mezcla de censura, control estatal de los medios y acceso restringido a la Internet.

Cuando comenzaron las protestas masivas en mayo, Cubanet, un medio independiente con sede en Miami, preguntó a varios cubanos en la isla qué sabían de la crisis en Venezuela. No sorprende que pocos pudieron dar detalles.

“En un panorama de la información casi totalmente controlado por el gobierno, la gente tiene acceso a noticias que están condicionadas y sesgadas por las prioridades políticas del Estado”, dijo Jessica White, analista de Freedom House, una organización que monitorea la situación de la libertad de prensa en el mundo.

“Ciertamente hemos visto esto en Cuba, especialmente cuando se observa su cobertura favorable de países como Venezuela. La censura de temas delicados y la falta de contenido diverso en última instancia afecta la capacidad de los ciudadanos de informarse de un modo pleno y equilibrado”, añadió.

Lo que sí abunda en los medios estatales cubanos son historias que amplifican la versión del gobierno de Nicolás Maduro de los acontecimientos, así como las que construyen teorías conspirativas sobre el papel de Estados Unidos en la crisis venezolana. Algunas podrían catalogarse de noticias falsas, o fake news, un tema que ha cobrado fuerza en Estados Unidos después de las elecciones presidenciales.

Varios artículos en Cubadebate, un medio digital estatal cuyo lema es “contra el terrorismo mediático”, hacen referencia a un supuesto plan del Comando Sur de Estados Unidos para derrocar al gobierno de Maduro. El documento, titulado US Southcom Operation “Venezuela Freedom”, American Strategy to Overthrow the Maduro Government, circuló ampliamente en sitios digitales afines y medios como Telesur. Sin embargo, el documento es falso y el Comando Sur negó su autoría a The New York Times, lo que no impidió que Cubadebate continuara publicando sobre el tema.

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No es un desliz, pues el sitio es conocido por reproducir todo tipo de teorías conspirativas —desde que el último brote de ébola podía provenir del centro militar de investigación biológica de Fort Detrick hasta que EEUU podría haber inoculado el cáncer a Hugo Chávez— así como reportes falsos —como el de la pareja que se habría suicidado en Manhattan por no tener dinero para cubrir sus gastos médicos—, si dejan mal parado a Estados Unidos.

Aunque no todos los medios estatales cubanos publican noticias falsas, muchos omiten publicar determinadas informaciones, no contraponen fuentes y amplifican la política oficial del gobierno cubano y —desde que Fidel Castro y Hugo Chávez forjaran su alianza— del venezolano.

Por ejemplo, el periódico oficial del Partido Comunista, Granma, no ha mencionado a Leopoldo López en el último mes, cuando el líder opositor venezolano fue trasladado en medio de la noche de la prisión de Ramo Verde a su casa, luego de nuevo a la cárcel y finalmente de regreso a su casa.

Las menciones a López y al gobernador del Estado Miranda, Henrique Capriles, desde enero del 2014 —fecha en la que está disponible la búsqueda en el sitio digital de Granma— suman 75. Maduro ha sido mencionado en 939 ocasiones.

En los últimos cinco artículos que mencionan a Capriles, se le asocia con “acciones de calle que provocaron 11 muertos”, “contradicciones dentro de la derecha venezolana” y a la reticencia a sostener un diálogo con el gobierno chavista. En ninguno de ellos se citó directamente al líder de Primero Justicia. Y en sólo uno se incluyeron citas directas a algún líder opositor, en este caso en un reporte sobre el diálogo entre la oposición y el gobierno en noviembre.

La disolución de los límites entre el reportaje y la opinión, entre el periodismo y el activismo, o entre el periodismo y la propaganda, es frecuente en la prensa cubana, aunque es un fenómeno que cada vez se hace más común entre las publicaciones alternativas que han surgido al margen de los medios tradicionales en Estados Unidos y Europa.

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En el mismo reporte de Granma sobre la negociación entre Maduro y varias organizaciones opositores, el periodista escribió que la oposición política venezolana, “al parecer [está] concebida solo para derrocar cuanto huela a Revolución y no para proponer soluciones alternativas coherentes y creíbles”. No hay comillas en el reporte original porque son las palabras del reportero, no las de una fuente.

En otro artículo se afirma, sin citar fuentes, que “la derecha de la Asamblea Nacional pretendía acusar al presidente Nicolás Maduro de abandonar el cargo para declarar un golpe de Estado, mientras éste se encontraba en una gira internacional”. El reporte es de Telesur, que junto a la Agencia Venezolana de Noticias es una fuente noticiosa frecuentemente empleada en los medios cubanos.

“Esto es muy peligroso para la libertad de información”, afirmó Emmanuel Colombié, director regional para América Latina de la organización Reporteros sin Fronteras. El problema, señaló, no afecta solo a los cubanos, sino también a los venezolanos.

“Para minimizar la importancia de la crisis, la influencia de la oposición y ocultar los actos de violencia durante las manifestaciones”, el gobierno de Maduro intenta “censurar todos los medios de comunicación que hacen una cobertura negativa de la situación y apoyan a la oposición. Al final del día, los venezolanos con acceso básico a los medios de comunicación no saben realmente lo que está sucediendo”, añadió.

En Cuba, la situación es un tanto más grave ya que el gobierno (y el Partido Comunista) controla todos los periódicos que circulan en el país, así como estaciones de radio y televisión. La mayoría de los cubanos no tienen acceso a canales internacionales por cable como CNN, pero sí a Telesur. A esto se suma que el país tiene una de las tasas más bajas de conexión de Internet en el continente, con una penetración del 33.6 por ciento de la población en el 2016, según cifras de Internet World Stats. El compendio de series, películas y programas de televisión extranjeros que circula a través de disco duros y memorias flash, conocido como “el paquete”, por lo general no contiene información crítica que pueda comprometer a quienes lo distribuyen en la isla.

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Todo esto contrasta con la situación en países como Estados Unidos, señaló White, en los que existe preocupación por la influencia de los medios excesivamente partidistas, pero hay dónde escoger.

“La cobertura sesgada también puede ocurrir en un panorama diverso de la información”, dijo la experta, “pero la gente sigue teniendo un acceso más amplio a la información en comparación con un panorama mediático predominantemente controlado por el gobierno”.

Cuba también está en el fondo de las listas sobre libertad de prensa que confeccionan Freedom House y RSF, entre otros motivos, por la represión gubernamental al periodismo independiente, que intenta llenar esos vacíos informativos.

“Hay muy pocos periodistas independientes en Cuba. El valiente periodista que trata de difundir información imparcial no oficial es automáticamente detectado y supervisado por el gobierno”, señaló Colombié. “Sus sitios web pueden ser censurados y sus medios de prensa atacados”.

elnuevoherald.com