Hay japoneses que no terminan su jornada laboral hasta que el jefe se va de la oficina con el fin de preservar su prestigio como trabajadores esforzados. Esta historia que parece más de ficción distópica, refleja cómo para muchos personas trabajar más horas es sinónimo de más productividad.

Desde la Revolución Industrial, hemos tratado a los seres humanos como máquinas, asumiendo que la forma de hacer más es presionarnos y esforzarnos más. Pero los científicos que estudian el cerebro están encontrando cada vez más evidencia de que nuestros cerebros dependen del tiempo de inactividad, no sólo para recargar baterías, sino para procesar los datos con los que estamos inundados, para consolidar la memoria y reforzar el aprendizaje, fortaleciendo los caminos neurales que hacen posible tales hazañas.

Ya que este domingo se celebra el Día Mundial de la pereza en Itagüi, un evento cultural y festivo donde se convoca de manera masiva a la comunidad para que haga un uso sano y positivo del tiempo libre y del ocio, reivindicamos la importancia de no hacer nada.

La inutilidad, el descanso y hasta el aburrimiento pueden impulsar la creatividad

Hay buena razón para que tantos autores y artistas incorporen largas caminatas en sus rutinas diarias. Uno es el bien estudiado “efecto de incubación”: dejar de centrarse en un proyecto parece darle a su inconsciente el permiso para navegar mejor en este. En un estudio de la revista Nature, las personas que sabían que volverían a una tarea de pensamiento creativo después de una pausa lo hicieron mucho mejor cuando volvieron, a diferencia de aquellos que no esperaban volver a la tarea, (lo que sugiere que fue un proceso inconsciente). No siempre tomar un descanso hizo la diferencia.

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K. Anders Ericsson, profesor de psicología en la Universidad Estatal de Florida, realizó un estudio en Berlín y encontró que la cantidad de tiempo que los músicos exitosos pasaban practicando cada día era sorprendentemente baja: unos 90 minutos al día. De hecho, los músicos más exitosos no sólo practicaron menos, sino que también tomaron más siestas durante el día y se entregaron a descansos durante la práctica cuando se cansaron.

Demasiada ocupación es contraproducente

Confundimos el esfuerzo con la efectividad. Según el psicólogo holandés Manfred Kets de Vries , la ocupación “puede ser un mecanismo de defensa muy efectivo para evitar pensamientos y sentimientos inquietantes”. Es cuando no hacemos nada que finalmente confrontamos lo que importa.

Tony Schwartz, escritor del New York Times, señala que el tiempo es finito, pero la energía es renovable, por lo cual está en desacuerdo con la ética de trabajo predominante en la mayoría de las empresas, donde el tiempo de inactividad es visto como un tiempo perdido. Según un estudio, más del 30% de los empleados comen su almuerzo en sus escritorios y más del 50% asumen que trabajarán en sus vacaciones. Schwartz señala que la fisiología de los seres humanos no está diseñada para gastar energía continuamente. Estamos construidos para impulsar entre gastar y recuperar energía.

Una habitación, metafórica, propia

Scott Barry Kaufman, director científico del Instituto de Imaginación de la Universidad de Pensilvania, y Carolyn Gregoire, una escritora experimentada del Huffington Post , escribieron en Harvard Business Review sobre cómo la soledad ayuda a impulsar la creatividad. “Grandes pensadores y líderes a lo largo de la historia -desde Virginia Woolf a Marcel Proust hasta el cofundador de Apple Steve Wozniak- han alabado la importancia de tener una habitación metafórica propia”.

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Pasar más tiempo solo puede darle una mejor comprensión de sí mismo . Puedes descubrir más de sus habilidades, sus pasiones, sus intereses y hasta sus disgustos. Según expertos, este auto conocimiento le ayuda a desarrollar la confianza en sí mismo y una imagen más clara de su propósito en la vida.

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