En el mundo político causó sorpresa la noticia de que Germán Vargas Lleras inscribirá este martes ante la Registraduría un comité promotor para recoger firmas. Con el nombre de ‘Mejor Vargas Lleras’ se busca que un grupo de ciudadanos impulse su candidatura presidencial. Aunque esa idea venía sonando hace rato, hasta que no se materializó pocos podían creerlo.

No en vano, el resto de los candidatos que hasta ahora han decidido inscribirse por firmas o no tienen partido, como Sergio Fajardo, Gustavo Petro o Piedad Córdoba, o han roto con su colectividad, como Clara López o Juan Carlos Pinzón. Pero la historia de Vargas Lleras es diferente: todo el mundo sabe que en Cambio Radical no se mueve una hoja sin su permiso y que él es el jefe.

Para que Vargas pueda inscribirse por firmas, deberá renunciar a su partido. Según las normas electorales, los políticos que hacen parte un partido político no pueden conformar un movimiento ciudadano al mismo tiempo para ser elegidos. Si lo hacen practicarían doble militancia, lo cual está prohibido por las normas electorales del país.

¿Por qué tomó esa decisión? ¿Qué lo llevó a lanzarse al agua a través del camino difícil de buscar firmas cuando tiene su propio partido y es el jefe? ¿Por qué, con un aval propio, decide que es mejor separarse de Cambio Radical, que durante 13 años ha sido su marca propia?

Son varias las razones de orden político y estratégico que responden a esos interrogantes.

  1. Salir a la calle: De los nueve candidatos que buscan construir movimientos significativos de ciudadanos, hay cuatro pesos pesados que están recogiendo firmas para inscribirse: Gustavo Petro, Humberto de la Calle, Clara López, y Sergio Fajardo.  Sus nombres están arriba en las encuestas y desde hace varias semanas están recogiendo apoyos en las calles de los municipios de todo el país. Si bien es ilegal que un candidato haga proselitismo sin que formalmente haya empezado la competencia, la frontera entre pedir el voto y pedir una firma para lanzarse es difusa. Pedir firmas genera visibilidad y es una manera de agitar las banderas de la campaña.
  2. Legitimar adhesiones: Si un partido no tiene candidato propio y deja en libertad a sus políticos para adherir a otro candidato, estos tienen el derecho de hacerlo sin incurrir en doble militancia. Esto es lo que podría pasar si la U decide dejar en libertad a sus congresistas de escoger presidenciable. De hecho, ya la mitad de sus parlamentarios se sienten más cerca de Vargas que del Presidente Juan Manuel Santos, su líder natural. Al inscribirse por firmas, Vargas ayuda a legitimar el apoyo abierto de congresistas de la U. No es lo mismo que estos, que son la bancada que más curules obtuvo, apoye al candidato de Cambio Radical, que lo haga con uno que se presenta como ‘suprapartidista’ e independiente.
  3. Tener una voz que hable diferente a su propia bancada: para nadie es un secreto que la bancada de Cambio Radical en el Congreso ha sido una de las más críticas de temas claves relacionados con la implementación del proceso con las Farc. En particular de la Justicia Especial para la Paz, la reforma política y los proyectos relacionados con la formalización y redistribución de la tierra. Estar afuera del Partido le permite a Vargas tener un discurso neutral frente a la paz, como lo ha hecho hasta ahora, y a su bancada seguir dando peleas en el Congreso sin que sean entendidas como promovidas por el ex vicepresidente.
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Algunos analistas han insistido en que Vargas se presentará por firmas para alejarse del efecto contaminador que pueda tener la asociación reciente entre varios escándalos políticos y Cambio Radical. Tres de sus gobernadores han acaparado titulares en el último año y no precisamente por buenas noticias. Kiko Gómez, de La Guajira, fue condenado por asesinato, y Oneida Pinto—de la Guajira—y Álvaro Cruz –de Cundinamarca—fueron condenados por corrupción, para citar tres casos. Una situación bastante grave si se considera que según las encuestas, la corrupción es una de las principales preocupaciones de los colombianos.

Sin embargo decir que Vargas Lleras se aleja de Cambio Radical para descontaminarse de la imagen del partido es poco creíble. Incluso las personas que no están en el día a día de los políticos, saben que él es y será el jefe supremo en esa colectividad. Se lanza por firmas pero, aunque renuncie a su propio partido, la sede principal de Cambio sigue decorada con fotos suyas entregando casas e inaugurando vías. Así mismo, él sigue siendo el dueño de los avales y quien da la última palabra sobre qué temas apoyar o rechazar en el Congreso. Por eso, más que una oportunidad de generar imagen, dejar de llevar el logo de Cambio Radical en su pecho puede generarle a Vargas algún costo: el de que muchos crean que está haciendo una especie de ‘tinterillada’ para hacerse visible, sin romper en el con su partido.

Además, al dejar de lanzarse por su partido, Vargas no pierde recursos económicos ni mediáticos, como algunos creen. Cuando se cayó la posibilidad de la reelección presidencial en 2016 y dejó de considerarse que el mandatario que buscara ser reelegido tendría privilegios, la Ley estableció los mismos beneficios para candidatos provenientes de partidos y movimientos ciudadanos. Si el ex vicepresidente logra las 350 mil firmas que necesita para inscribirse, tendrá espacios oficiales en los medios en representación del movimiento ciudadano. A esos espacios sumará los que tenga Cambio Radical por derecho, ya que en ellos seguramente se le hará campaña.

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Por último, hasta hace muy poco los candidatos que se querían inscribir por firmas tenían que definir de antemano quien sería su fórmula vicepresidencial. Si recogían las firmas necesarias, es combinación no se podía modificar. Desde este año, y por decisión de la autoridad electoral, ya solo es necesario que aparezca el nombre del aspirante presidencial, lo cual les da tiempo a los candidatos de escoger su vicepresidente a última hora. Y no estar atando a un segundo, les permite negociar su participación en coaliciones que es, en últimas, a lo que le apuestan todos los candidatos en esta elección. Y es que a pesar de que Vargas Lleras se mantiene en los primeros lugares de intención de voto con cifras que oscilan entre el 10 y el 14 por ciento, esas cifras se alejan mucho del 51 por ciento que necesitaría para ganar en primera vuelta.

De acuerdo con la más reciente encuesta realizada mayo por Invamer -Gallup para SEMANA, Blu Radio y Noticias Caracol, a Vargas lo conoce el 91 por ciento de los encuestados y tiene un 50 por ciento de imagen favorable,  contra un 32 por ciento de desfavorabilidad. En plata blanca eso significa que tiene muchas posibilidad de crecer más. Si la idea es que ese diez por ciento que no sabe quien es lo conozca en la calle, buscar firmas puede ser una buena opción.

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