El autódromo de la provincia argentina de La Pampa, a 10 kilómetros de Santa Rosa, la capital, fue una fiesta durante el fin de semana pasado. Iniciaba el campeonato regional y las autoridades lo celebraron con la suelta de 15.000 palomas. Pero entre las aves que fueron objetivo de las cámaras volaba una infiltrada. La prensa la llamó la “narcopaloma”. El animalito se alejó del grupo festivo y se dirigió hacia la Colonia Penal de Santa Rosa con una carga que, evidentemente, desconocía: marihuana, pastillas y hasta un pendrive.

“Llevaba amarrado un retazo de tela con forma de mochila, en cuyo interior había estupefacientes, según arrojaron los análisis realizados mediante el narcotest”, informaron desde el Servicio Penitenciario Federal. El cargamento era variado: 44 pastillas de ansiolíticos, 3,5 gramos de marihuana mezclada con pastillas, 4 gramos de marihuana compactada y un pendrive. La policía descubrió que los presos habían entrenado a la paloma para hacer hasta 10 viajes por día y se preparó para interceptar la última incursión del ave. La paloma, inocente, recibió un disparo y murió. La foto del cadáver con la droga amarrada inundó las rápidamente las redes sociales.

El uso de palomas mensajeras para transportar pequeñas cantidades de drogas no es nuevo, aunque con el tiempo los narcos han cambiado poco a poco a las aves por los drones. Los nuevos métodos permiten transportar cargas mayores por encima de los paredones de las prisiones y son más exactos al entregas. Las palomas, en cambio, tienen a su favor que pasan desapercibidas para los guardiacárceles.

El último caso de uso de palomas mensajeras por bandas narco en Argentina fue en 2013. En el techo de una casa, los investigadores descubrieron un palomar donde una tres personas tenían 15 aves entrenadas para realizar hasta una docena de viajes con drogas.

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