Les amarraba una soga del cuello hasta los tobillos; los colgaba de un árbol de forma tal que si dejaban caer las piernas se asfixiaban.

Luego se quedaba mirándolos hasta que esto ocurría.

Las revelaciones fueron hechas la semana pasada en el juicio del hombre, identificado como Luis Gregorio Ramírez, quien fue condenado a 36 años de cárcel por tortura y asesinatos cometidos en un lapso de 5 años en 5 departamentos. Según las autoridades estos podrían ascender a 60.

Ramírez solo seleccionaba hombres entre 19 y 30 años, de estatura no mayor de 1,70 metros y de peso que no superaran los 60 kilos, para poderlos manipular fácilmente.

Se ganaba la confianza de sus víctimas a quienes les prestaba servicio mecánico para mototaxis sin cobrar nada, para luego pedirles que lo llevaran a lugares apartados en donde cometía sus crímenes.

“Aprovechando que iba en la parte trasera del vehículo y después de conversar todo el camino con el conductor, de un momento a otro lo sujetaba por la garganta y lo asfixiaba hasta hacerle perder el conocimiento”, relata Semana.

Las victimas despertaban amarradas, generalmente a un árbol, en donde fallecían lentamente en un ritual en donde el asesino esperaba paciente a que los complicados nudos que ataba alrededor de la garganta terminaran por ahorcarlas.

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“Una soga alrededor del cuello iba hasta los tobillos, con lo cual obligaba a que las piernas quedaran elevadas en un ángulo de 45 grados. Para no ahorcarse, la víctima debía realizar un gran esfuerzo para evitar bajar las piernas, ya que al hacerlo tensionaba la cuerda alrededor del cuello. Con el paso de las horas ya no podían resistir, dejaban caer las piernas y morían lentamente por asfixia”, agrega la revista.

Algunas veces, Rodríguez enterraba los cuerpos o los dejaba a la intemperie para que el calor los descompusiera. Pero lo que siempre hizo fue conservar objetos personales de sus víctimas para coleccionarlas.

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“Conservan (los asesinos seriales) ese tipo de elementos como una especie de ‘trofeos’. Al verlos o tocarlos, este tipo de criminales reviven el momento del crimen, lo que les genera una sensación de poder o placer”, dijo uno de los investigadores que llevó el caso.

El registro de los crímenes de Luis Gregorio Ramírez empieza en el 2007 en Barrancabermeja (Santander) y se extiende a lo largo de Cesar, La Guajira, Norte de Santander y Magdalena, lugares en donde se presume habría asesinado a unas 60 personas, aunque solo 23 de esos casos las autoridades pudieron encontrar los cuerpos.

Cuenta Semana que Ramírez comparte el pabellón de alta seguridad de Valledupar con Luis Alfredo Garavito, el temible asesino serial que habría violado y asesinado a unos 200 niños entre los 6 y 16 años de edad.

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