En ‘la ciudad de la eterna primavera’ floreció el trabajo que pretendía borrar del imaginario social palabras como ‘narcotráfico’ y ‘violencia’  que se utilizaban para referirse a Medellín, desde las décadas de los 80 y 90.

Las instituciones administrativas, el sector privado y la sociedad han realizado un trabajo ambicioso y sin descanso para lograrlo. Y aunque los retos son muchos, la transformación es evidente y ha sido reconocida en el mundo con diversos premios.

Uno de los logros más importantes se dio en la seguridad ciudadana. Mientras en 1991, la capital antioqueña fue la ciudad más violenta del mundo, con más de 7.000 asesinatos, en el 2016 hubo 534, según estadísticas del Informe de Calidad de Vida 2016 de Medellín Cómo Vamos.

Para Piedad Patricia Restrepo, coordinadora del programa, “la reducción de este delito ha sido la verdadera transformación de la ciudad (…) Llevamos dos años por fuera del listado de las ciudades más violentas del mundo”, aseveró.

Por su parte Max Yuri Gil, experto en conflicto, detalló que en los últimos 25 años ningún grupo armado de carácter delictivo se ha enfrentado al Estado, sin embargo en la ciudad todavía persiste la presencia de guerrillas, sin llegar a tener un control territorial, en algunos barrios.

“En Medellín mueren menos de 10 policías al año”, detalló el versado, quien afirmó además que todavía existen redes de organizaciones violentas que controlan el municipio y son responsables de delitos como extorsiones, homicidios, microtráfico, entre otros.

La ‘tacita de plata’ no solo aumentó su brillo en seguridad. El descenso de la desigualdad, la pobreza y la pobreza extrema logró que esta última posicionara a Medellín como una de las principales ciudades del país en lograr una reducción significativa, pasando del 3,3 por ciento en 2015 a 2,9 en 2016.

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Restrepo consideró que, a pesar de presentarse unas cifras positivas en este tema, las administraciones deben continuar con los retos que combatan la desigualdad y la pobreza, especialmente en la zona norte, nororiental y noroccidental, que presentan carencias alimenticias.

Entre tanto, Gil advirtió que “la ciudad está fragmentada” por la falta de tránsito, tanto para quienes viven en El Poblado, como para las personas que habitan en los barrios populares.

Movilizarse por ‘la capital de la montaña’ ha dejado de ser un reto para la cantidad de habitantes que la conforman y visitan, pues el sistema de transporte público, único en el país y reconocido internacionalmente, es cada vez más integrado, evidenciado así en los diversos modos desarrollados a partir de los trenes del metro, de los que se han desplegado los sistemas del metrocable, el metroplús, el tranvía y el programa EnCicla, ajustándose a las condiciones y requerimientos de la ciudadanía y los terrenos.

Otro de los aspectos positivos a resaltar fue la creación de las Unidades de Vida Articuladas, UVA, por parte de las Empresas Públicas de Medellín y el Inder.

Los espacios, en los que se encontraban construidos desde el año 1910 cerca de 100 tanques de agua ubicados en la periferia de la ciudad, se convirtieron en sitios de recreación, deporte y esparcimiento para las comunidades aledañas que se asentaron en torno a las infraestructuras hidráulicas.

La ciudad no es perfecta pero, a sus 401 o 342 años de creación, es cada vez es más innovadora gracias a la pujanza de sus habitantes e inmigrantes que ven en el municipio, el lugar idóneo para vivir y trabajar.