Se pensaba que Sport Recife iba a ser una presa fácil para Junior este jueves en el Roberto Meléndez. El 2-0 con el que se alzó el equipo tiburón en el partido de ida, en territorio brasileño, hacía presagiar acá un triunfo convincente e inapelable.

Pero no fue así, principalmente por defecto de Junior, que no fue ese equipo envolvente, desequilibrante y contundente que suele ser en condición de local.
Al frente estuvo un rival, que aunque necesitaba ganar, poco hizo por el partido. Solo estuvo a la espera de que Junior cometiera un error y tratar de capitalizarlo.

El 0-0 con el que se liquidó encuentro fue un fiel reflejo de lo que se vio en la cancha. Pocas oportunidades de gol, pocas jugadas vistosas, pocas emociones.

El marcador final le permitió a Junior avanzar a las semifinales de la Copa Suramericana, ronda en la cual se enfrentará al Flamengo de Brasil, que el miércoles eliminó al Fluminense.

Será esta la segunda vez que Junior y Flamengo se enfrenten por un torneo continental. La primera fue en la Copa Libertadores de 1984 y ambos encuentros fueron ganados por el equipo brasileño: 2-1 en el Romelio Martínez y 3-1 en el Maracaná de Río de Janeiro.

El Junior del primer tiempo fue un equipo sin explosión, predecible, sin chispa, sin intensidad, sin movilidad, sin cambio de ritmo. Sport Recife, sin mucho esfuerzo, controlaba los tibios avances del conjunto de casa, en el que sus hombres más importantes y llamados a marcar el desequilibrio caían constantemente en imprecisiones.

Las pocas veces que el club brasileño se insinuaba en ataque fue producto de errores del mismo Junior. Afortunadamente, Rafael Pérez estuvo atento para corregir y neutralizar en un par de ocasiones los intentos del visitante.

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El juego de Junior era tan insulso y errático, que a Teófilo Gutiérrez, uno de los ídolos de la hinchada rojiblanca, esta misma le reprobó varias acciones fallidas. El atacante barranquillero no encontraba la conexión con su socio, Yimmi Chará. Matías Mier, que fue inicialista, era también un mar de desaciertos, y Yony González, el hombre gol en el partido de ida, estuvo nublado.

Mier, de hecho, definió mal una de las pocas incursiones de Junior sobre el pórtico de Magrao. Teófilo se la sirvió al uruguayo, que remató de zurda, pero a las nubes.
Para el segundo tiempo, 
Comesaña envió a la cancha a Roberto Ovelar por Mier, pero el paraguayo tampoco le llegaba la pelota. Sport Recife seguía sin proponer nada en ataque y así el juego se mantenía escaso de emociones.

Comesaña, buscando la explosión que hacía faltaba arriba a su equipo envió a la cancha a Luis Díaz tratando de sacar provecho de su capacidad para encarar y desequilibrar. Pero el guajiro, salvo una jugada en la que remató desviado a la puerta de Sport Recife, y otra acción individual sobre el final, pasó inadvertido.

Lo mejor de la noche fue la clasificación de Junior a una semifinal de un torneo internacional, por segunda vez en su historia. La primera había sido en la Copa Libertadores de 1994, en la que se enfrentó al Vélez Sarsfield de Argentina.

El equipo de Comesaña ahora tendrá una exigencia más fuerte y se hace necesario dar más de lo que dio este miércoles contra Sport Recife si quiere superar la serie frente a Flamengo, que después de 33 años volverá a pisar suelo barranquillero.