La escena es espeluznante, aterradora. El criminal de guerra bosniocroata Slobodan Praljak ingirió una sustancia tóxica apenas momentos después de que el Tribunal Penal para la Antigua Yugoslavia (TPIY) le confirmó una condena de 20 años de prisión por crímenes de guerra cometidos entre 1993 y 1994 contra civiles bosniomusulmanes durante la guerra de Bosnia. El exgeneral falleció y ahora se inician las investigaciones para saber en qué circunstancia logró llegar el veneno a sus manos. Le faltaba poco para cumplir su pena, pues se había entregado en 2004 para defender su inocencia y, al cumplir dos tercios de los 20 años de su condena, se calcula que podría haber quedado libre en unos tres años.

Pero el exgeneral no esperó y haciendo gala de su pasado como dramaturgo, montó en el escenario de La Haya un episodio difícil de olvidar. Entre algunos de sus crímenes se le achaca la deportación de bosniomusulmanes de Mostar, ciudad que lo hizo trágicamente celebre por haber destruido un puente de la época del imperio otomano, y la tortura, violación y muerte de unos 40 civiles de una aldea del centro de Bosnia.

Más allá de eso, y sin pasar por alto el gran impacto político, en el fondo queda claro que el camino de la reconciliación en la antigua Yugoslavia, que en los 90 se desangró en un conflicto de desintegración, aún está muy lejos de llegar. Y esto porque los criminales involucrados en estas devastadoras guerras no se han arrepentido de sus delitos y asumen un papel de mártires que los ha hecho ver en los círculos nacionalistas respectivos como héroes de la patria y no como violadores de derechos humanos.

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Sucedió la semana pasada con Ratko Mladic, el criminal de guerra serbobosnio, mejor conocido como el ‘carnicero de los Balcanes’, que increpó al TPIY durante su condena a cadena perpetua y ahora con Praljak, que con su suicidio emuló a los grandes criminales de guerra nazis y lanza con su muerte un renovado desafío.

Slobodan Praljak

“El general Praljak no es un criminal de guerra y rechazo con desprecio ese veredicto”, dijo el exmilitar y luego bebió un líquido que guardaba en un recipiente mientras el tribunal dictaba sentencia.